martes, 28 de enero de 2014

Más de cien años de la Filarmónica

Hoy vamos a hablar de un escrito que José González Lara hizo a nuestra banda en el año 1993 con motivo de las fiestas en honor a Santa Cecilia.

Muchos de nuestros lectores más jóvenes, no conocerán quien fue José González Lara. Él fue un gran poeta que también fue alcalde, de aquel que supo cantar las excelencias de Campo de Criptana y de La Mancha como pocos.  Él es el ejemplo del tesón necesario para hacer que un sueño, lejano en el tiempo, irreal, casi etéreo, el del Campo de Criptana quijotesco, se hiciera realidad. Sin José González Lara, Criptana no sería lo que ha sido durante muchos años, símbolo, emblema universal, porque sólo alguien como él pudo reunir en una sola visión el pasado cervantino de Criptana y su futuro quijotesco. Pero sobre todo, González Lara tenía algo excepcional: su extraordinaria cultura y conocimiento de la experiencia y de la realidad humanas. Conoció bien a las gentes de La Mancha, y escribió sobre ellas y sobre su vida.

El escrito es muy extenso, por ello lo dividiremos en dos partes. Les dejamos con la primera parte del escrito:

"Se cumplen ya cien años y pico (no se cuantos) del nacimiento de la Filarmónica "Beethoven" de Campo de Criptana. Cien años y pico es mucha historia musical escrita; cien años y pico, es mucha música instrumentada y cantada; cien años y pico, no caben en un pentagrama gigante con notas de dolor y de pasión y en el que quedan las alegrías para un juego de blanca, fusas y corcheas que levantan los ánimos a un pueblo blanco, encopetado a veces de arte y predestinación, y otras, labriego y humilde, agachado, como para besar la tierra que pisas, con una reverencia ritual y solemne. Algún arcipreste, que tiraba más a obispo, decía "ese fino cumplimiento es cosa del alma". Y tenía razón, porque en ello iba un doblez de inspiración cada vez que un criptano tomaba en serio su apellido y su comportamiento humano. Precisamente por eso, la "Banda" cumplirá dentro de poco sus ciento y pico años de existencia con la gloria de ser una institución carismática, que ha dejado buen fermento en la comunidad criptana. Cien años y pico no es una eternidad, pero sí es, un número alto de noches al sereno, frente a las estrellas, en un patio sin techo con olor a jazmín y albahaca, y más noches, reunidos a lo bravo de ceremonias para unas nupcias en noviembre. Para los creadores e intérpretes de la música cualquier lugar era bueno, bastaba que las paredes fueran blancas para colgar los títulos y las penitencias.

A los ensayos de la "Banda", las gentes del pueblo los llamaban "serenata" y los "ilustraos", Concierto; al salón de ensayos, se le llamaba pomposamente "academia", a los instrumentistas de pelo cano "músicos", a los aprendices "educandos" y al director de la cosa "maestro".  Unos cuantos, no muchos, eramos asiduos a oír la "serenata" de los ensayos; D. Paco, con su chaqueta de pana lisa, color miel, que más parecía hacendado que poeta rural o congregante de alguna hermandad de caballistas; Bernardo, que gerenciaba los pleitos el señorito Irisarry en su negocio de seguros agrarios; Pedro, el enjalbegador de blancos, que para cada casa tenía su tono como contraseña de su religiosidad, a más creencias, más pureza en la cal, y a menos, más sombras bajo los tejados; Matías el herrero, en cuya fragua se entonaba la "Marcha Real" con el martillo sobre el yunque y el fuelle de a pie, que avivaba el carbón del hornillo como signo de alabanza y algún que otro labriego despistado que antes de irse a dormir con la parienta, se asomaba al ensayo, atraído por la trompetería de alguna marcha semanasantera y le servía de justificación para no salir al campo el martes, por aquello de la superstición, "... mañana no me pongas ato, María, que no saldré a la viña, porque estoy cansado y he soñado que puedo poner en solfa mi reuma..."

Pero cien años y pico de vida de la "Banda" son muchos años de historia paralela al pueblo. Al menos, tres generaciones se han sucedido como si tal cosa; en este tiempo, ha habido muchas promesas y muchos llantos: amores frustrados, olvidos necesarios, amaneces nazarenos y crepúsculos dorados. Y después, nuevos soles han nacido para una eternidad deseada."



miércoles, 22 de enero de 2014

Programa de Concierto - Santa Cecilia 1991

Esta semana inaguramos una nueva sección, recogiendo algunos de los programas de concierto de la Filarmónica Beethoven más singulares o que conmemoraron algún acontecimiento en especial.

En esta ocasión, nos vamos hasta el programa de Santa Cecilia del año 1991. Ese año, el concierto se celebró el día 23 de Noviembre en el Teatro Cervantes y contó con la batuta de Don Rafael Calonge.

El concierto ofreció un programa de estreno con motivo del 200 aniversario de la muerte de Wolfgang Amadeus Mozart (1758-1791). El programa era el siguiente:

MONOGRÁFICO MOZART

LA FLAUTA MÁGICA - Tres melodías de la ópera - (Versión Banda de C.H. Taylor)
I - Adagio sostenuto
II - Andantino
III - Moderato

CONCIERTO EN RE MENOR PARA PIANO Y ORQUESTA K.V. 466 (Versión Banda de M. Almansa)
I - Allegro
II - Romance
III - Rondó

Solista: Gerardo López Laguna

CONCIERTO EN MI BEMOL MAYOR PARA TROMPA Y ORQUESTA K.V 495 (Versión Banda de D. Montesinos)
I - Allegro Moderato
II - Andante
III - Rondo

Solista: Santiago Calonge Campo

PEQUEÑA SERENATA NOCTURNA EN SOL MAYOR K.V 525
I - Allegro
II - Romance
III - Menuetto
IV - Rondo

domingo, 12 de enero de 2014

Rafael Calonge y su banda de Ciudad Real

El pasado 6 de Abril de 2013, el periódico "La Tribuna de Ciudad Real" nos ofrecía una entrevista de Don Rafael Calonge Campos, director honorífico de nuestra banda. Que además fue director durante 33 años de la banda de Música de Ciudad Real.

En la entrevista, de la cual solo hemos conseguido un pequeño fragmento de la edición digital, Rafael, "Falín" , nos cuenta alguna anécdota de su paso por dicha banda. Les dejamos con la entrevista:

Rafael Calonge, director de la banda de Música de Ciudad Real
(1975- 2008)


Era prácticamente imposible que Rafael Calonge (Campo de Criptana, 1930) no se dedicara a la música y que no inoculara luego esa pasión a sus siete hijos y nueve nietos. 

Extrovertido, simpático y dicharachero, cuenta que formó parte durante 60 años de la banda de su pueblo, los últimos 20 como director, y que en sus 33 años al frente de la Banda de Música de Ciudad Real dirigió 450 conciertos en la Talaverana, los jardines del Prado y el teatro Quijano. 

Se confiesa un enamorado de los clásicos (Beethoven, Mozart, Haendel, Falla, etc) y de la copla española, «una música que tiene duende y hay que escuchar con mucho cariño, te engancha». 

Hoy, olvidados ya los innumerables viajes a Ciudad Real, en los que según cuenta cubrió más de medio millón de kilómetros, pasa el tiempo con su mujer cantando zarzuela en la residencia de las Hermanas de los Ancianos Desamparados del Sagrado Corazón de su pueblo. Él, tenor, y ella, soprano, se enamoraron en un escenario, entre romanza y romanza, protagonizando La fuerza del amor, hace años y ahí siguen.

«Le he dedicado los 33 mejores años de mi vida y jamás los olvidaré a pesar de los sinsabores »


Rafael Calonge Campos nació en 1930 en Campo de Criptana y a  los seis años empezó sus estudios de primaria ingresando en el Grupo Escolar del Pozohondo, «hoy Sagrado Corazón», apunta con la espontaneidad que le caracteriza para, a renglón seguido, recordar con mucho cariño a sus dos primeros maestros, «don Rafael Gómez y don Ramón Selas», y, de una manera especial, a  «don José María Iser, quien me hizo cantar sobre una mesa de su clase, a la que yo no pertenecía, las dos canciones de moda de una película que acababa de estrenarse en Madrid Al son de la Marimba y Frenesí», dice riendo abiertamente para, de seguido, canturrear las mismas canciones.

Posteriormente, gracias a unas becas creadas por el Ayuntamiento, empezó el Bachillerato elemental en el colegio Teresiano de la Villa de los Molinos, sin poder cursar estudios superiores «porque mis dos hermanos mayores tenían que casarse y había que preparar para el trabajo al último varón que quedaba con la madre y las dos hermanas, ya que tuve la enorme desgracia de perder a mi padre cuando sólo contaba trece años», explica.