sábado, 22 de febrero de 2014

Más de cien años de la Filarmónica (II)

Seguimos con la segunda parte que escribió Don José González Lara para nuestra banda en un libro especial del año 1993:

"Cien años y pico, es el tiempo acotado de progreso de un pueblo afanoso; el cálculo de aproximación de los proyectos guardados en la memoria de tres generaciones vivas, los mayos orquestados sin prisas, el relevo coreado de los "músicos" de pelo cano, por los "educandos" que traen los primeros impulsos de una impaciencia creadora, a modo de espíritu travieso e innovador. Es también un tiempo de relevos, la batuta de D. Francisco, de D. Bernardo, de D. Ruperto, de D. Manuel, de D. Rafael; una transmisión de gracias e intenciones para generar confianza entre los sabios de la música, hechos así mismos, a fuerza de golpes de emoción en el tejido de los sentidos. Y ¡claro está! la "Banda" ha hecho posible, que el pueblo entienda la lectura de la partitura beethoviana de las trompas y bombardinos y la lírica flautista de Mozart, alcanzando con ello, una "música arcangélica" para ornar a las solemnidades del lugar.

Pero en estos cien años y pico de existencia, la Filarmónica Beethoven ha crecido mucho, se ha hecho famosa: opera en el mundo del arte con nuevo talante, recibe "meritísimus" y aplausos por doquier. Aquella que creara D. Francisco Gómez, que continuara su hijo, D. Bernardo Gómez, el boticario de los "potingues", amigo de Azorín y le sucediera D. Ruperto, el de las manos redondas, de tanto tallar madera y después D. Manuel, funcionario de postín del ilustrísimo Ayuntamiento, solemne como pocos, con la batuta, que había conseguido para la "Banda" el mejor tono instrumental para la interpretación de las grandes obras de los maestros del XVIII y el XIX.



Fue el maesro Angulo quien la llevó a la gloria por merecimientos y disciplina, convirtiendo a la "Banda" en una institución de clase musical de la que salieron jóvenes maestros que ocupan hoy puestos destacados en otras formaciones orquestales. D. Manuel movía la batuta con solemnidad, apenas sí movía los pies de la tarima cuando dirigía en los conciertos. A las Fiestas de Santa Cecilia, les dio creatividad, eran fiestas sonadas, la "Banda" revolucionaba a toda la chiquillería cuando visitaban las escuelas y colegios para solicitar de le los profesores la vocación para los niños, que una vez conseguida, en tropel, se incorporaban al desfile, a Santa Cecilia, siempre se le honró en el pueblo, y en su honor, se brindaba en las atarazanas con vino viejo o con el nuevo, con sabor adolescente. Ahora, ya próximos al siglo venidero, los ritos y ceremonias siguen como ayer, nada se ha destruido y la memoria todo lo ha mejorado. La música ha entrado en cada casa para redondear la felicidad del hogar, en donde los sueños se hacen posibles.



Cien años y pico cumplidos por la "Banda" son un privilegio para el pueblo que ha elegido también la meta de los sonidos, para alcanzar las cotas de progreso marcadas por una comunidad viva. Rafael Calonge, el más joven de los "maestros", que cuenta por lunas de agosto los años, como un original calendario de vivencias, le ha dado a la Filarmónica una nueva expresión de arte y de compromiso, la pasea como una dama joven y bella y por eso, la juventud criptana se apresura a formarse musicalmente en la "Banda". Aquel dicho de Cervantes que figura en las paredes de la "academia", "donde hay música no puede haber cosa mala", es como una llamada al alma de una juventud que aspira a ser instrumento de modernidad y de reflexión, para construir un mundo nuevo que sustituya a la miseria del viejo. El maestro Calonge tiene, con su batuta, la medida de un sueño: reedescubrir Criptana, para los amantes de la música. Porque es un pueblo todavía, gozosamente salvado de la ignorancia y vive apostado en la loma del cerro pacero, donde los gigantes cuidan de una pequeña "Madonna" celestial que comunica al os amadores, donde está la verdad.



Reedescubrir Criptana es una tarea hermosa, como una aventura nueva y apasionante y para ello, habrá que tomar la paloma en la mano y soltarla cuando empiece a clarear por el cerro que es todo un símbolo de permanencia y de aventuras. Pues ¡qué bien maestro!, hoy tienes la paloma en tu mano y el alma florecida. Esto es una buena nueva para los criptanos."

JOSÉ GONZÁLEZ LARA